Por Gustavo Villordo. Fotografía Gustavo Villordo

Crónica de un fotógrafo suelto. Gustavo Villordo pasó una tarde en el estadio del FC Sankt Pauli, un club de la segunda división alemana que lleva sus ideales políticos como bandera. 

A simple vista, el FC Sankt Pauli es solo un club de fútbol de la segunda división de Alemania. Pero basta con recorrer el barrio, sus bares, y los alrededores del club para entender que es mucho más que eso. Ubicado en la ciudad de Hamburgo, tanto la institución como sus hinchas se caracterizan por el compromiso social y los ideales antifascistas. Tan particular es su filosofía que desde hace años cosecha innumerables adeptos a nivel mundial. Hay más de 600 peñas alrededor del mundo. Sin ir más lejos, en Argentina hay dos: St. Pauli Piratas del Sur y St. Pauli Puerto Rosario. 

Conocía su historia por notas en internet. En 2016 tuve un primer acercamiento a este fenómeno cuando acompañé a la banda rosarina Zona 84 en su gira por Alemania. Una de las fechas fue en el festival del puerto de Hamburgo, en un escenario organizado por el St. Pauli. En esa oportunidad conocí el estadio por fuera, pero no pude coincidir con un partido. Tuve revancha dos años más tarde.

Hablé con mi amigo Markus, nativo de Hamburgo y fanático del St. Pauli, le dije que iba a estar en la ciudad solo dos días. “Hay partido en esas fechas”, me respondió. Sabía que iba a ser muy difícil conseguir entradas, el equipo juega siempre con el estadio repleto. Sin embargo, otro amigo alemán, el querido Rolf, me cedió su entrada porque ese día tenía otro compromiso.  

Llegó, entonces, el gran día. A pocas horas de haber llegado a la ciudad tomé el subte desde la estación central hasta el barrio Sankt Pauli. Caminé a la vera del Río Elba y encaré con destino al estadio Millerntor, ansioso y con algo de nervios por lo que vendría.  

En la puerta de un bar, me animé a hablar con los primeros hinchas que me encontré. Me preguntaron de dónde era y rápidamente apareció la asociación que rompe el hielo: “Argentina, Messi”. Un fan que se llamaba Christoph empezó a entonar una canción en inglés: “We love Sankt Pauli, We do!  We love Sankt Pauli, we do! We love  Sankt Pauli, we do! Sankt Pauli we  love you!”. Chocamos nuestras latas de Astra (cerveza que auspicia al club) y nos pusimos a hablar. Me contó que llevaba 30 años viviendo en Hamburgo y que se consideraba un ciudadano de Sankt Pauli. “De Sankt Pauli, no de Hamburgo”, aclaró de forma tajante.  

Me contó que Sankt Pauli era su lugar en el mundo, por su gente, por su posición política antifascista y  por levantar las banderas de los derechos humanos. Una respuesta que se convirtió en un denominador común en las charlas que mantuve con muchos hinchas a lo largo de las horas. Brindé una vez más con Christoph, me despedí y seguí viaje. 

Caminando por Reeperbahn, una de las calles principales del barrio Sankt Pauli, respiré cultura. Se me vinieron a la cabeza imágenes de documentales sobre los primeros recitales de The Beatles. En mi mente también aparecieron el gran trabajo fotográfico de Anders Pertersen y el ya desaparecido Café Lehmitz.  

En el camino al estadio, entré en un local de ropa oficial del club para comprar una remera para un amigo. Una tonada italiana me hizo frenar la marcha. En mi camino se cruzaron Iaca, Federico y Matías, de Turín, que al igual que yo iban rumbo al estadio para ver al St. Pauli por primera vez. A Federico, por ejemplo, no le gustaba el fútbol, pero llegaba atraído por las posiciones políticas del club. Hablamos un poco del Maradona del Napoli, y de la rivalidad entre el sur y el norte de aquel país.  

Ya cerca de la cancha, brindé esta vez con fans de Helsingborg (Suecia). Patrick me contó que vio por primera vez al “Pirata de Hamburgo” —como se lo conoce popularmente— en el 88.  Le pregunté por qué alguien de Suecia es hincha de un club de Alemania y viaja todas las semanas para verlo.

Su respuesta fue muy similar y a la vez muy diferente a la que diría un hincha argentino: “El amor no se puede explicar, me enamoré del club y de sus ideales políticos”. Me retumbaron en la cabeza los cantos homofóbicos y xenófobos o en la obsesión por el culo del rival que hay en Argentina Qué lindo sería más compromiso social y político de los clubes y las hinchadas, concluí mientras sigo caminando. 

Seguí con mi marcha y empecé a cruzarme con mucha gente queriendo comprar entradas. Me llamó la atención una bandera de una peña de Holanda. Me acerqué, con mi precario inglés a cuestas, y por primera vez en la tarde hablé algo de fútbol. Uno de los fanáticos me contó que el técnico actual es holandés y que en estos últimos años muchos futbolistas de esa nacionalidad vistieron la “marrón y blanca”, los colores de este equipo. 

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Finalmente, me encontré con mi amigo Markus, quien me explicó detalles del estadio, el museo y el “fanladen” que se encuentran bajo una de las plateas, un sector destinado a las filiales del club. Es una zona de encuentro, con bares, música, mini conciertos y venta de merchandising. Fuera y dentro del estadio hay calcos, banderas y grafitis antifascistas, antisexistas, antirracistas. En Saint Pauli las consignas no quedan solo en palabras, la institución y los hinchas hacen innumerables acciones para materializar sus ideales.  Entré a las gradas colmadas, todo viejo y todo nuevo para mí. Entre tantas banderas del club con el Jolly Roger (logo pirata de calavera), encontré varias con los colores de la comunidad  LGBTQ. Envidié por un momento ese aire de respeto y tolerancia. 

En ese momento empezó una pegadiza canción que entonó todo el estadio: “Das Herz Von Sankt Pauli (el corazón de St.Pauli)”. No entendí del todo lo que decía, pero me emocioné muchísimo. Sentía que todo me sobrepasaba. Minutos después el equipo salió a la cancha, como es habitual, con “Hell Bells”, de Ac/Dc. El partido no había comenzado y sentía que ya había vivido todo. 

El partido fue parejo, aunque a decir verdad le presté poca atención a la pelota. Estuve más atento a la gente, a sus reacciones, a las banderas y a las canciones que a otra cosa. El Sankt Pauli hizo dos goles en el segundo tiempo y sonó en los parlan tes del estadio la canción “Song 2” de Blur, tal como me habían contado.  Luego el visitante descontó con un gol marcado en offside, y terminó su friendo hasta el final. F.C. Sankt Pauli 2 –Holstein Kiel 1, un resultado anecdótico. 

Haber vivido el partido en el estadio fue para mí un fenómeno único, difícil de explicar con palabras. Estuve junto a 30.000 personas con los mismos principios e ideales ante la vida.  Nunca voy a olvidar la inscripción de una de las tantas banderas: “Guerra de clases, paz entre pueblos”.