La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado. 

 (Gabriel García Márquez)

Supón que entonces hablo de la vida como queriendo aparentar

que tengo mucho que contar

que soy un tipo original

supón que ríes divertida 

y supón que ya eres mi canción.

 (De la “Canción del torpe”)

Quizá la afirmación del colombiano en cierre una de las claves de su visita. Quizá ese fragmento de una de sus canciones explique el vínculo para nada misterioso, pero certeramente indestructible que año tras año, con paciencia de orfebre ha ido construyendo en su relación con nuestra gente, con nosotros mismos, con nuestros padres, con nuestros hijos y vaya a saberse con cuántas generaciones que lo aman sin reservas; que lo acunan con aquella máxima que nos enseñó a practicar el comandante Ernesto Guevara: “endurecerse sin perder la ternura”. Y es que una vez más, Silvio (que ni si quiera necesita portar su apellido) llegó a esta “ciudad de pobres corazones”, como la describiera uno de sus amigos y nuestros mejores músicos, para compartir una noche inolvidable. Uno de esos mágicos momentos que, al decir de otro de la barra, es cuando a la vida se le ocurre “besarnos en la boca”.

Y llegó como siempre, silencioso, poco afecto a las pautas del “consumo que nos consumen” en tanto habitantes de este mundo supuestamente tan moderno que nos inventamos los argentinos, para creer que “somos maravillosos, vivísimos, los mejores del continente, aunque “transitoriamente” estemos sufriendo lo que precisamente no sufre su pueblo, educado en  valores diferentes y de los que Él siempre ha sido quizá el emblema mayor desde su compromiso, su inspiración, sus enseñanzas, su lucidez, su rigor intelectual, su trascendencia muchísimo más allá de las  fronteras del “largo lagarto verde” que se mece en aguas del Caribe.

Hoy mi deber es “cantarle a la Patria, al zar la bandera, sumarme a la plaza”, supo decir alguna vez refiriéndose a su tierra. Pero bien cabe la posibilidad que esa frase encierre también su visita a la Argentina de estos días. Una argentina devorada por los mismos lacayos que intentaron doblegar a su pueblo sin lograrlo. Una Argentina doliente, sufrida, literalmente presa junto a Milagro, resistente junto a los movimientos de Derechos Humanos, enamorada, a pesar del dolor de sus mujeres que han dicho basta (a quienes dedicó su actuación), corajuda desde el dolor de los desocupados, confiada en lo que viene desde el optimismo de aquellos que saben que como Él lo repite, “El sueño se hace a mano y sin permiso”.

En ese contexto, Rosario lo observó recorrer sus calles con la modestia de siempre, sentarse a la mesa de algún bar junto a su pareja, saludar al Che en 27 de Febrero y hasta sonreír condescendiente cuando algún amigo le contó que intentaron juntar firmas para remover el monumento, en una decisión destinada desde el vamos al fracaso más absoluto. 

Esta es la ciudad de todos. Pero es la ciudad del Che. Y de Silvio. Y de la contundente construcción que han logrado desde el Movimiento de Solidaridad, para que la Universidad le abra sus puertas. Quizá por su mente, en ese instante hayan desfilado las estrofas de Fusil contra Fusil, la canción que alguna vez le dedicara a aquel, que, como nos contó en la charla que mantuvimos para Qué Sapa, “fue irreemplazable para su revolución”. Por eso, y mucho más, la charla que mantuvimos, debía comenzar por el amor… Porque hay muchas cosas de las que conversar con semejante artista, porque su propia inspiración nos enseñó alguna vez que “con un poco de amor fue tejida mi piel, y el cincel de mis huesos fue un poco de amor. Con un poco de amor soy yo mismo, soy tú, soy aquel…”

-Además de tu último disco Amoríos, tus canciones suelen tener que ver con el amor. El amor al pueblo, el amor de pareja, de familia, la sensibilidad, ¿qué amores o desamores, te han marcado? 

-Sin duda todos los que están en las canciones. Las canciones son como marcas de la existencia (es decir, para los que asumimos la canción como parte de un proceso vital).

-Estando cerca de los 100 conciertos dados de tu Gira por los barrios, ¿cómo ves la respuesta, la participación de los niños, los grandes, los jóvenes? ¿Te ha aportado un ida y vuelta diferente con tu pueblo, con la misma revolución?

-Todos los trovadores empezamos cantando en las calles, en los parques, en portales, zaguanes y escaleras de casas de amigos. Así que esta experiencia ha sido una suerte de viaje a la semilla, lo que un poco amplificado. Pienso que no sólo yo:  todos los trovadores hemos hecho cientos de presentaciones en vecindarios.

-Siendo muy joven, fuiste parte de las Brigadas de Alfabetización, pasando activa mente a hacer la revolución. ¿Qué te acordás de esa experiencia, cómo fue, cómo la viviste y cómo podés verla ahora?

-Cuba, a principios de la Revolución, tenía casi un 30% de analfabetos. Los estudiantes secundarios donamos un año de nuestra enseñanza para erradicar aquella deficiencia. Eran los tiempos en que Fidel expresaba: “nosotros no le decimos al pueblo: cree; nosotros le decimos al pueblo: lee.” La Campaña Nacional de Alfabetización fue un primer gran paso que multiplicó las perspectivas del pueblo cubano.

– ¿Cuánto crees que afectó la muerte del Che en la evolución del proyecto revolucionario?

-La muerte del Che afectó a toda Cuba porque le queríamos, y afectó la óptica revolucionaria del foco guerrillero.  Eso ya no pudo ser igual, entre otras razones porque ya no era un factor sorpresa, como lo fue en Cuba. Personalmente siempre he creído que el Che se fue de Cuba porque se dio cuenta de que el socialismo no se podía hacer en un sólo país y porque mientras existiera un imperialismo poderoso y controlador, iba a ser casi imposible. De ahí su mensaje posterior a la Tricontinental de: “Crear dos, tres, muchos Vietnam es la consigna”.

– ¿Cómo describirías al pueblo cuba no?, ¿Qué desafíos crees que tiene hoy día la revolución? 

-El mayor desafío que tiene la Revolución sigue siendo su supervivencia. Por una parte, tenemos cierta corriente interna que tiende a seguir calcando a los soviéticos y por otra tenemos un bloqueo que cada vez aprieta más la tuerca. Las dos cosas nos hacen daño e inciden en la unidad interna, tan necesaria. Yo creo que la ortodoxia mantiene atadas las fuerzas productivas porque tiene miedo a que nos volvamos capitalistas, pero el socialismo se hace para darle más bienestar al pueblo y es imposible repartir una riqueza que no se crea. No es un problema de consignas, es un asunto complejo que tiene que ver con medidas económicas y políticas.

– ¿Cómo fue el reencuentro con los 5, el concierto de la Gira por los barrios y el canto con ellos? ¿Qué significa para vos? 

-Eso fue una coincidencia, nosotros teníamos el concierto y ellos llegaron dos días antes y se sumaron. Fue maravilloso.

– ¿Cuál es el origen de “Historia del necio”?  ¿Y de Canción del elegido?

-El necio nace cuando se cae la Unión Soviética y Cuba decide seguir. Canción del Elegido casi me la dictó Haydee Santamaría. Es sobre su hermano Abel, mártir del asalto al cuartel Moncada.

– ¿Qué expectativas o deseos tenés de la gira por el Cono Sur? ¿De tu paso por Argentina?

-Amar y ser amado.

-Una reflexión sobre: “Fidel era el sol”

-Eso es lo que decía Haydee cuando hablaba de él.

Después, en la despedida, fue el tiempo de entregarle, como recuerdo de su paso por la ciudad, a dos de los nuestros que sin vivir siguen viviendo, y a quienes obviamente conocía, en sendos libros que viajarán de vuelta a la isla, para descansar en su biblioteca:  Héctor Germán Oesterheld y Paco Urondo. Y obviamente, algunos ejemplares de Qué Sapa, nuestro humilde aporte para ensanchar la mirada. Y tras ello, preparar la vigilia para aguardar el momento en que su voz, su poesía, su talento, estallaran en medio de la carpa en la rural, rodeado de lo que después sabríamos, una multitud de más de 5000 almas que durante dos horas lloramos, reímos, recordamos, en cada uno de esos credos en los que nos enseñó a crecer. Ya en medio del recital, entre banderas de su patria y un enorme cartel que pedía (hoy sabemos dolo- rosamente que sin resultados) “Un  Brasil sin fascismos”, su impecable banda integrada por Niurka Gonzales en flauta y clarinete, Jorge Reyes en Contrabajo, Jorge Aragón en piano, Rachid López en guitarra, Maikel Elizarde en el Tres, Emilio Vega en Vibráfono y Oliver Valdez en batería y percusión dejaba escapar un armonioso sonido para que Silvio dedicara el recital a “las mujeres y todos los derechos que a ellas les corresponden”, evidente gesto de amor que luego, mientras ocurría Eva, aquella que “no intenta vestir de tul/ Eva no cree en un príncipe azul/ Eva no inventa falso papel/porque el fruto es suyo/con padre o sin él/”, miles de las que gritamos, lloramos, aplaudimos durante más de dos horas, aquellas “mujeres de fuego, mujeres de nieve”, levantamos nuestros pañuelos verdes, en el momento quizá más emotivo  de la noche, aunque resulte difícil pensar el momento más emotivo  entre tanta euforia. 

Aquel mundo que alguna vez fue el del “hombre nuevo”, sin rótulos hoy está movilizado por las mujeres, y en torno a él, no solo por sus referencias, sino por sus canciones. Silvio parece apoyar el nacimiento de un orden mucho más justo que nos devuelva la capacidad de vivir a tono con su profecía: “solo el amor engendra la maravilla/solo el amor convierte el milagro en barro”. 

LA LARGA MARCHA HACIA AVELLANEDA

Invitados por el propio artista, los integrantes de Qué Sapa, marchamos pocos días después hasta la ciudad de Avellaneda en la Capital Federal, donde, al modo de sus giras por su patria, Silvio cantaría gratuitamente, para lo que se esperaba sería una abigarrada multitud.

Una vez más, Argentina no defraudaría a quien tanto de su talento, cariño y afectos ha regado en estas tierras: esta vez, más de cien mil personas, portando alimentos no perecederos a distribuirse en comedores populares de la ciudad, fueron llegando desde muy temprano, para terminar colmando, al modo de cualquiera de las convocatorias que vivimos casi sin solución de continuidad, la avenida Belgrano, sobre uno de cuyos laterales se había montado el casi minimalista escenario, muy parecido en su estética al que habíamos disfrutado  en nuestra ciudad.

Y lo que en Rosario había sido una expresión de deseos, aquello de un “Brasil sin fascismos”, se hacía trizas contra la realidad. Desde el corazón mismo de Avellaneda, una de las más populosas ciudades del Gran Buenos Aires, miles y miles de almas hermanadas en su convicción y compromiso compartíamos la mayoría de sus himnos de lucha por la justicia social y el compromiso político con la evolución del hombre.

Esta vez, y reiterando una costumbre que supo exhibir en Rosario hace algunos años, cuando trajo junto a él a Amaury Perez y Santiago Feliu, antes de hacer su aparición, dejó que las voces de la venezolana Cecilia Todd y la tanguera Patricia Malanca se encargaran de diseñar un arco musical latinoamericano, incluyendo en el caso de Patricia, algunos de los temas de su anfitrión, pero versionados en ritmo del 2 por 4.

Con “Yo te quiero libre”, el tema que tradicionalmente inició en Cuba cada uno de sus conciertos barriales, comenzó una vez más a conformarse el romance con su gente, la de siempre, la de ahora, los nuevos, los más antiguos en su admiración sin fisuras, con familias enteras conmovidas con idénticas lágrimas, pero seguramente por distintos motivos, trasladando esa emoción al escenario, donde Silvio no cesaba de agradecer a quienes hicieron posible semejante actuación: El Espacio de Fraternidad Argentino Cubana para la unidad de nuestra América, organizadores de su presencia allí; a los 170 países que pocos días después votarían en Naciones Unidas contra el bloqueo norteamericano a su isla, con la sola excepción de Estados Unidos e Israel; a “aquellos que están y no se ven” dijo, para dejar caer “Gaviota”, el tema que compusiera a su retorno de Angola, y que a pedido de un amigo argentino dedicó especialmente a  los ex combatientes de Malvinas.

Pero como no podía ser de otro modo y ratificando su convicción en la fortaleza de los Movimientos de Mujeres en el Mundo, llegó una vez más Eva para que, esta vez, una ver dadera marea de pañuelos verdes se elevaran en la noche de Avellaneda,  identificando lo que en nuestro país identifica a la lucha por el aborto legal, seguro y gratuito, que más tarde o más temprano será ley, según lo  expresaban las miles de mujeres que  agradecían el gesto y la canción.

Y como lo señalara el intendente local, en las primeras horas de la tarde, cuando se iniciaba la fiesta, durante las largas horas compartidas una convicción se hizo carne en quienes allí estábamos: “es necesario unirnos, para recuperar a la Argentina en el camino de nuestros próceres: San Martín, Artigas, Perón y los luchadores populares como el Che Guevara. Estamos de pie y vamos a luchar por la dignidad, la libertad y el trabajo”, rodeado de personalidades del universo de los derechos humanos, del mundo del espectáculo, de su propio Gabinete y de dirigentes políticos de casi todas las representaciones existentes en el país. Lentamente y ya en medio de la noche, las reposeras se plegaron, los rostros todavía emocionados comenzaron el regreso a casa llevando en la piel al mejor compositor cubano del siglo junto a Ernesto Lecuona. Y parafraseándolo una vez más, cerremos este itinerario compartido, con su propia poesía: “Disfruté tanto cada parte/ y gocé tanto cada todo/…que me duele algo menos cuando partes/ porque aquí te me quedas, de algún modo…”