Invocar uno de los cuentos de Rodolfo Walsh en el título nos coloca en un abismo, una incógnita desafiante de lo que va a venir. Se nos  trepa el mono que tenemos adentro al escuchar ese nombre, esa forma de encarnar el periodismo. Y  aflora el desafío de que lo que escribiremos arañe y se cuelgue del compromiso que Rodolfo tiene. Esto, indescriptible por momentos, tiene herederos y uno de ellos es nuestro querido Eduardo Anguita, otro que sabe llevar adelante un periodismo comprometido como bandera, con estilo propio. 

Si hay que presentarlo, podemos hablar de su currículum: co-escribió: “La Voluntad: una historia de la militancia revolucionaria en la Argentina de 1976-1978”, dirigió el documental Río Adentro, entre otros; actualmente, edita Miradas Al Sur, escribe en Tiempo Argentino, conduce “La Historia en Debate” (TV), “Debates en la Historia” (radio) y “En qué juego estamos” (radio); todo esto, entre decenas de otras producciones que en esta presentación nos salteamos  porque no somos wikipedia. Pero si hay algo que esta lista –incompleta-, este cúmulo nos  trae,  es que comunicar, implica trascender formatos, soportes y poner en juego nuestro compromiso en cada una de las líneas  que llevamos  dentro.

Desde Qué Sapa, lo elegimos  para discutir(nos) y poner en el tablero las cosas que nos sacan el sueño, nos interpelan de  punta a punta. Su venida a Rosario, incluía una cita en nuestra redacción y su sola presencia en conjunto con los aplausos  no hizo necesario preludio  para comenzar un intercambio inolvidable.

Qué Sapa: ─¿Qué desafíos hay en la comunicación?

Eduardo Anguita: Entre lo que te cuentan y lo que ves siempre hay una diferencia  y  precisamente  en la comunicación tenemos  que tratar eso ¿no?, poder brindarle a los lectores, a los oyentes, a las personas, a las que queremos transmitir algo, tratar de ser  lo más fidedignos de aquello que uno percibe en el momento de estar en un lugar. Me alegra  mirarlos a la cara a cada uno de ustedes, imaginarme que hay montones de historias, montones de sueños; yo también los tengo, los tuve  y de eso se  trata  un poco la comunicación;  entre la unión y la realidad  de una sociedad que siempre tiene necesidades, debilidades y fragilidades pero que también tiene una historia donde apoyarse e ir logrando las metas.

Una de las cosas que en el periodismo está prohibido es ser tímido, mentir está muy mal, pero ser tímido está prohibido.

Rubén: ─En mi caso no tengo formación profesional, ¿Usted cree que pueda la carrera de periodismo o algo académico, mejorar lo que es la esencia de los ensayos?

E: El periodismo es un oficio, donde uno aprende más es en las redacciones, en los canales, en las radios, y además es un oficio que si bien uno a veces  las notas las escribe y las firma solo, es muy común en una redacción levantar la cabeza y decir “che Fulano, ¿cómo es el de nombre de pila de tal?”, o “che ¿te acordás cuándo viajó tal a tal país?”, es decir, solemos preguntarnos muchas cosas , y otras cosas que solemos hacer es cuando escribimos algo dárselo a leer a algún colega, compañero de redacción  para decir “che ¿se entiende, no se entiende, qué te parece, qué opinas?”, es un trabajo colectivo, entonces por eso es un oficio en el sentido que mucho se aprende en el trabajo mismo. Es un oficio en el que conviene leer mucho, informarse mucho, porque uno está escribiendo cosas que muchos otros escriben y corrés el riesgo de equivocarte, de decir cosas  erróneas, así que hay que informarse, chequear mucho la información, es decir, confirmar que los datos que uno maneja son ciertos, y esto respecto del oficio. Respecto del estudio académico te diría que es muy útil hacer las dos cosas; o sea, si uno tiene la suerte de estar trabajando en un medio como vos y además tenés la posibilidad de ir de oyente o ir a cursar una carrera creo que es un buen complemento. Yo tuve la suerte de empezar a trabajar en el periodismo sin saber que iba ser periodista, y les cuento una breve anécdota, cuando me llamaron para trabajar en una revista dije: “pero yo no sé escribir a máquina, a mano no se puede en una redacción” entonces, como en ese momento no tenía plata para tomar los  cursos de la Pitman – academia de renombre-, me regalaron unos cartones para poder aprender a escribir a máquina, practicaba con esos cartones y todos los días tenía que hacer ejercicios. Así en unos meses  aprendí a escribir a máquina con todos los dedos y ahora escribo con toda naturalidad pero no me olvido más lo que era el calvario de estar haciendo repetir tuc tuc tuc.

Enrique: ─ ¿El periodista debe decir la verdad o mostrar los hechos?

E: A veces mostrás los hechos que vos ves, y no tenés la suficiente cantidad  de hechos como para saber si esos hechos que vos estar trasmitiendo son la verdad. Entonces te diría, las dos cosas están bien, cuando vos te encontrás ante un acontecimiento que tenés que transmitir, porque estás en una agencia de noticias, en un canal, mostrás  lo que se llaman los hechos.

Esta es una sociedad donde hay tanta desigualdad y tanta injusticia que si uno no quiere molestar a nadie, este no es un buen oficio, ahora si uno simplemente quiere ser un querellante o ganar fama denunciando,  ¡qué sé yo! Por supuesto que hay muchos periodistas que lo pueden hacer, a lo mejor sin siquiera darse cuenta, pero se supone que en los principios que uno tiene que tratar de cumplir, la búsqueda de la verdad también tiene  que ser  trasmitida de manera oportuna y con un lenguaje que sirva para las personas que a través de un diario o un programa se informan.

El periodista tiene que ser todo lo que es, porque sino se cree una mentira, uno tiene que saber que en el momento que hace periodismo su convicción no la tiene que ocultar y segundo no la tiene que hacer valer más de lo que pesa, se llama equilibrio, una cosa imprescindible y muy difícil de lograr, pero tiene que ser así. No conozco a nadie que se dedique al periodismo de fútbol  y no le guste el fútbol y no tenga ningún equipo de fútbol.

El periodismo político es lo mismo. Cuando publiqué el primer libro dije “quiero que figure que estuve preso y que militaba en tal organización”, no para generar ningún escándalo, pero por lo menos que el lector sepa quién es el autor de tal libro, para saber, el que crea que me equivoqué y bueno, es mi propia historia, pero yo no la voy a ocultar. Es una manera que cada uno tiene que encontrar  en una circunstancia para darle al lector la posibilidad  de que piense por  sí mismo, pero que sepa que lo que vos le estas dando se lo das vos, con tus aciertos, tus errores y tu historia.

Lucas: ─¿Qué cosas interfieren en una misma nota en distintos diarios para que suene de distintas formas, para que el lector lo reciba de distinta manera?

E: La palabra interferir te lleva a pensar algo que se mete en el medio, yo diría que usemos la palabra qué cosas intervienen, en el sentido de que es parte de la condición humana. Uno tiene, aunque no lo crea, muchos prejuicios, y cada vez que uno cree que en algo uno es neutro, otro te puede hacer ver que vos también tenés prejuicios. Me parece que una cosa fundamental en el periodismo es siempre tener en cuenta que uno interviene en la información. Nosotros cuando estudiamos comunicación llamamos al periodista el observador participante, porque tenés tu mirada frente a las cosas, entonces esto es la cosa del periodismo, el saber dónde están los ojos de la gente. Saber que uno como observador es participante, no es neutral, muchas veces se decía: “para describir una guerra no se puede estar arriba de la muralla mirando los dos lados”, pero tampoco se puede describir una guerra desde un solo bando. Siempre van a intervenir factores que te limitan, a veces porque tu intención es tratar de ser lo más amplio posible y mostrar todo, y otras veces porque vos vas a mostrar solamente tu parcialidad, advirtiéndole al lector: usted conozca mi versión, ahora después si quiere tener una visión más completa, busque otras visiones.

Yo los veo a ustedes y para mí es un motivo de alegría pensar que hay gente joven que está afrontando algo que a lo mejor yo hago con mayor facilidad, porque estoy en lugares donde el periodismo llega y te pagan bien. Ustedes tienen que remar y remar, entonces pucha, esto es lo que vale. No quiero decir que los que lo hagamos por costumbre seamos malos periodistas, pero te aburguesás un poquito (o mucho).

Juan: ─¿Qué elementos son fundamentales para poder ser un buen entrevistador?

E: Me dejaste pensando, por lo cual debes ser un buen entrevistador (risas).

Yo te diría que la naturalidad, que se logra con el correr de los años. Un buen entrevistador es alguien que se siente despojado, que no siente complejo, que está teniendo una charla. Hay que tener en cuenta que hay entrevistas muy diferentes. Hay veces que entrevistás a alguien más, por la información que pueda proporcionar, que por su perfil humano. Nos pasa mucho en periodismo político. Por ejemplo, entrevistando a un Ministro o un Intendente, vos podés hacer que esa persona te cuente como es humanamente, cómo es su día de trabajo, su familia y demás, o podes hacer esa entrevista para que rinda cuenta a tus lectores o tus oyentes.

En esos casos el entrevistador además de estar tranquilo y no acomplejarse, tiene que ir con una cantidad de datos que le sirvan a lo largo de la charla para ir manejando las riendas. Después tenés otra cosa en la entrevista que sabemos llamar la repregunta. Porque uno muchas veces hace una pregunta y el otro contesta algo que es evasivo, entonces vos tenés el privilegio de repreguntar, de insistir con un tema que te interesa porque creés que a tus oyentes les va a servir.

Lucia: ─¿Qué medidas debe tomar  un periodista o un escritor al denunciar públicamente a alguien que tiene peso, un gran peso?

E: Uno en el periodismo tiene que ir paso a paso, si uno quiere empezar a trabajar de periodista y pasado mañana hacer una nota denunciando a un juez, un empresario o un jefe de policía, se va a querer saltar varios escalones; Hay momentos para todo. Te lo voy a decir muy francamente, la información que te llega en determinado momento para denunciar a alguien, es información que te llega porque hay alguien que le interesa que vos denuncies a alguien más. Y alguien que está en un juego que tiene suficiente poder  para saber quién anda en alguna matufia,  busca un periodista que tenga cierto impacto. Si vos vas a ir solo a buscar información a un boliche bailable para saber quién vende la merca, si el empresario lava plata, etc. te estas metiendo en la jaula del león antes de que coma,  estas pidiendo a gritos que te den un palo en la cabeza. Este es un hermoso oficio para hacer comunicación social, para crear vínculos con la sociedad, para tener una sociedad democrática, para tener más diálogo que violencia. Lo de la denuncia llega con el tiempo y con ciertos lugares que no siempre ocupamos todos dentro del periodismo. Si uno después de recorrer un largo camino se mete en el periodismo de denuncia bienvenido sea; pero primero tenés que conocer bastante y saber que los alacranes pican.

J: ─Leí que cuando usted llegó a ocupar el puesto de Miradas al Sur, una de las condiciones que puso fue la libertad de conciencia. O sea que ningún periodista está obligado a hacer una nota que fuera en contra de sus creencias, condiciones o sus deseos, ¿la religión ocupa algún lugar en su vida, la fe en dios lo limitó en algún momento a realizar su trabajo, en algún empleo?

E:  Creo que, en el periodismo, es muy importante la libertad de conciencia. Me parece un respeto humano básico. A mi me ha pasado de trabajar con gente que decía “no, tal entrevista no la quiero hacer”, y cuando preguntabas por qué la respuesta era “no, porque tengo que leer mucho para hacerla”. En ese caso, “andá y hacela flaco, vamos” (risas). Ahora si alguien te dice “no, mirá, yo no quiero ir a entrevistar a un sacerdote porque yo fui católico y cuando era chico tuve un problema con un cura, me manoseó”, entonces ahí sí. Ahora si me dice que no quiere ir porque practica la religión musulmana, no flaco, estás viviendo en un país laico, entonces si vos no podes convivir con una persona de creencia distinta te equivocaste de oficio.

Creo que no hay compromiso mayor que no tener una religión única. Yo me formé de chico como católico, y con el tiempo me hice agnóstico, y me doy cuenta que soy una persona que se sensibiliza mucho frente al espíritu. El espíritu son aquellas cosas que no se pueden definir. Me asombran determinados hechos religiosos, me asombran historias de vida de personas que tienen un espíritu capaz de doblegar la materia, de sobreponerse a males inmensos. Les voy a contar una cosa que me pasó: durante muchos años trabajé con chicos en situación de calle (que no es lo mismo que chicos de la calle). Un buen día cae una mujer joven y me que tiene una amiga que quiere colaborar allí. Yo pensaba “qué raro esta chica, por qué habrá venido”. Un día, charlando con ella me dice, “te tengo que contar una cosa tremenda que me pasó para que sepas porque llegue acá, yo voy a un lugar que es para madres o padres que perdieron a sus hijos, eso es lo que me paso a mí. En ese lugar yo me di cuenta que lo mejor que podía hacer era volver a tocar chicos”, ahí le pregunto qué era lo que lo había pasado, y me responde: “yo estaba casada y mi marido mató a mis tres hijos”, yo me mantuve entero, “entonces para mí es muy importante estar en un lugar de chicos, tocarlos de nuevo”. Bueno, me fui y lloré. Doblé en la esquina y lloraba como un chico. Con el tiempo, me presenta a un novio. Un día me llama y la veo embarazada. Esas son cosas del espíritu, son cosas que vos decís “eso es fe”. Ella se tuvo fe, la atendieron bien, la acompañaron bien y uno piensa que a lo mejor sumó un granito de arena a esa inmensa fe que le devolvió ganas de dar vida.

J: ─Usted estuvo preso y sufrió torturas. Leí que las personas que ocupaban esos cargos les decían a usted y sus compañeros que de ahí iban a salir locos, enfermos…

E: Tres cosas nos decían, que íbamos a salir locos, putos o muertos, (risas)

Cuando a uno le toca vivir situaciones de ese tipo, lo peor es sentir que uno tiene que dar vuelta la página y olvidarse; nunca pude hacerlo, no me hubiese hecho bien. Creo que es nocivo guardarse las cosas que a uno le hicieron daño, lo mejor primero es compartirlo, y poder buscar apoyo, sea institucional, psicólogico o de un grupo terapéutico. Personalmente fui a un psicólogo y le dije: “mire, no puedo hacer ninguna actividad física sin violentarme, sin tener imágenes violentas”. Esto fue lo que me decidió a ir; si uno fue parte de un proceso de violencia es mejor saber que estas cosas te dejan una idea de revancha. A veces no sos consciente pero la tenés ahí, escondida.

Flavio: ─Yo me dedico a las historietas; estoy haciendo una historia con una importante carga de  violencia, que no sé si es buena para los lectores. Quiero saber, ¿qué carga de violencia tiene que tener una historieta para no generar más violencia al lector?

E: Me parece que el sólo hecho que me formules esa pregunta es maravilloso. Cuando uno hace algo porque tiene deseo de hacerlo a veces queda obnubilado y no se da cuenta los efectos que produce. Siempre que trasmitís algo creás estímulos. Pero también es cierto que vos estás haciendo algo que es comunicación y la comunicación son vínculos. Lo que me preguntás es algo que tenés que ir descubriendo. Entonces te diría, si vos vas a escribir de la violencia, y vas a generar un poco de violencia, tenés que tener en cuenta que todos tenemos violencia adentro. Y ahí el punto es ver cómo dialogamos cada uno de nosotros con nuestra propia violencia.

Te voy a poner un ejemplo, Juan Sasturain es un escritor maravilloso que dirige una revista que se llama Fierro. Fierro tiene una historia bárbara, los personajes son bizarros, son situaciones sórdidas, pero que en definitiva, es la vida misma. Entonces,  cuando uno escribe y dibuja una historieta violenta, está un poco en el lector si eso lo lleva a reflexionar sobre su propia violencia y tratar de controlarla o va a hacer que se compre una granada y se la tire a otro. En la comunicación uno tira granadas, provoca, y a veces provoca debates que incomodan. Está después en la ética de uno, en la honestidad que uno tenga y también en el sentido de autocrítica.